Mi concepto de la Luz Masónica
Viene
a mi mente, aquél precepto moral que escuché del V:. M:. luego de finalizar mi
“Tercer Viaje” en la ceremonia de iniciación: “No hagas a otro lo que no quieres que se te haga, haz todo el bien
que quisieres que se te hiciese”.
Sin
embargo, como quiera que cuando ingresamos al ámbito del hombre, visto como una
individualidad frente al universo, o como parte de un todo, los principios mas
elementales no siempre son tales y las reglas básicas tienen una serie de
excepciones que cuestionan su validez, este es un tema que ocupa y ocupará
nuestro interés, sea a través del análisis reflexivo del mismo, o en las
cosas simples de la vida diaria.
De
esta manera el hombre realiza acciones que no quisiera recibir y omite aquéllas
que considera valiosas para sí mismo. ¿Cómo es posible dicha incoherencia?:
Quizá porque el camino hacia el perfeccionamiento es largo, sinuoso y lleno de
algunos avances y muchos retrocesos y sinsabores.
Durante
mi vida me he percatado que hay situaciones que se repiten con cierta
regularidad, si bien no son los mismos hechos o personajes, la circunstancia al
final termina siendo la misma, son aquéllas ocasiones en las que uno se
recrimina de no haber aplicado esa lección que anteriormente pensó haber
aprehendido. No se trata intuyo, que el hombre tenga por deseo, el caer una y
otra vez en el mismo hoyo, ni que su destino este trazado por designios oscuros
que establecen una suerte de penalidad como aquélla que sufrió Sísifo[1].
Entiendo
mas bien que, tal como decía San Pablo en la Carta a los Romanos, en una de las
ideas que me han acompañado en forma mas amistosa y familiar antes de mi
nacimiento a la vida Masónica; puedo querer hacer el bien, pero hacerlo no. De
hecho no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero[2].
Y
lo que sucede es podemos querer evitar caer en el agujero que reconocemos como
perjudicial o doloroso, o que implicará un retraso en el tiempo de llegada a
nuestro destino, pero el problema es que no lo hacemos, porque no lo podemos
ver, puesto que no es posible concluir -en contraposición- que deseamos nuestro
propio mal y autodestrucción,
Pienso
que sobre todos y cada uno de estos conceptos deberé volver en una etapa
posterior, pero en lo que concierne a mi edad actual, mis tres años, siento que
el trabajo permanente, humilde y sincero que debo realizar en cada obra pequeña
o grande, interna o externa va a permitir que pueda llegar a destino, y
eventualmente pueda conducir a otros al mismo, para lo cual no será únicamente
mi propio deseo o fuerza de voluntad sino la fusión de este esfuerzo y la luz
que, en forma simbólica pero presente, me fue revelada el día de mi nacimiento
a la vida masónica, luz que además siento que, empezará a brillar como el sol
cuando amanece la mañana, alumbrando pero no deslumbrando, hasta que pueda
“ver” su resplandor en toda su magnitud.
V:.
de Lima, 10 de febrero de 2003