Mi concepto de la Luz Masónica

 

Viene a mi mente, aquél precepto moral que escuché del V:. M:. luego de finalizar mi “Tercer Viaje” en la ceremonia de iniciación: “No hagas a otro lo que no quieres que se te haga, haz todo el bien que quisieres que se te hiciese”.

 Esta expresión refleja en forma simple, clara y con precisión matemática un patrón de conducta con nuestros semejantes, que por tan exacta y sencilla no es racionalmente posible dejar de cumplirla, sobre todo teniendo en cuenta que mas allá de la disposición frente a la bondad o malicia (que es como el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española define el término “moral) que cada quien decida o pueda tener frente a él mismo o a su prójimo, resume la idea de un ser supremo creador de todo cuanto existe, por cuanto dicha idea implica que, todo en la vida sucede por un motivo, y como consecuencia de algo, y así, las acciones positivas invariablemente retornarán positivas, así como las que infrinjan el patrón moral de un grupo humano, tarde o temprano terminará siendo sufrido por el propio infractor.

En este caso, no me refiero a la existencia de un castigo social o divino, sino simplemente al hecho que intuyo cierto que todo tiene un porque en el universo, mas allá de si estamos siquiera dispuestos a admitirlo o a tratar de entenderlo así.

Siendo esto así, entonces la convivencia en sociedad debería ser un tema respecto del cual no deberíamos ni siquiera ocuparnos, en tanto que -al igual que la naturaleza que sigue un orden para cada cosa y momento- la humanidad en su conjunto se encontraría avocada a la búsqueda de la santidad, o la genialidad moral como lo denomina José Ingenieros en “El Hombre Mediocre”.

Sin embargo, como quiera que cuando ingresamos al ámbito del hombre, visto como una individualidad frente al universo, o como parte de un todo, los principios mas elementales no siempre son tales y las reglas básicas tienen una serie de excepciones que cuestionan su validez, este es un tema que ocupa y ocupará nuestro interés, sea a través del análisis reflexivo del mismo, o en las cosas simples de la vida diaria.

De esta manera el hombre realiza acciones que no quisiera recibir y omite aquéllas que considera valiosas para sí mismo. ¿Cómo es posible dicha incoherencia?: Quizá porque el camino hacia el perfeccionamiento es largo, sinuoso y lleno de algunos avances y muchos retrocesos y sinsabores.

Durante mi vida me he percatado que hay situaciones que se repiten con cierta regularidad, si bien no son los mismos hechos o personajes, la circunstancia al final termina siendo la misma, son aquéllas ocasiones en las que uno se recrimina de no haber aplicado esa lección que anteriormente pensó haber aprehendido. No se trata intuyo, que el hombre tenga por deseo, el caer una y otra vez en el mismo hoyo, ni que su destino este trazado por designios oscuros que establecen una suerte de penalidad como aquélla que sufrió Sísifo[1].

Entiendo mas bien que, tal como decía San Pablo en la Carta a los Romanos, en una de las ideas que me han acompañado en forma mas amistosa y familiar antes de mi nacimiento a la vida Masónica; puedo querer hacer el bien, pero hacerlo no. De hecho no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero[2].

Y lo que sucede es podemos querer evitar caer en el agujero que reconocemos como perjudicial o doloroso, o que implicará un retraso en el tiempo de llegada a nuestro destino, pero el problema es que no lo hacemos, porque no lo podemos ver, puesto que no es posible concluir -en contraposición- que deseamos nuestro propio mal y autodestrucción,

Pienso que sobre todos y cada uno de estos conceptos deberé volver en una etapa posterior, pero en lo que concierne a mi edad actual, mis tres años, siento que el trabajo permanente, humilde y sincero que debo realizar en cada obra pequeña o grande, interna o externa va a permitir que pueda llegar a destino, y eventualmente pueda conducir a otros al mismo, para lo cual no será únicamente mi propio deseo o fuerza de voluntad sino la fusión de este esfuerzo y la luz que, en forma simbólica pero presente, me fue revelada el día de mi nacimiento a la vida masónica, luz que además siento que, empezará a brillar como el sol cuando amanece la mañana, alumbrando pero no deslumbrando, hasta que pueda “ver” su resplandor en toda su magnitud.

V:. de Lima, 10 de febrero de 2003

Q:.H:. Miguel de Pomar 



[1] Personaje mitológico que fue condenado a subir un enorme peñasco a una alta cima del inframundo, y, cuando casi estaba a punto de lograrlo, volvía a caérsele y tenía que subirla de nuevo eternamente.

[2] Nuevo Testamento: Romanos 7, 18-19