La identidad de un masón

 

Al inicio de la Tenida de 1º Grado, el V:. M:. pregunta al H:. 1er. V:. ¿Soís Masón?, frente a lo cual este último contesta: “Todos mis HH:. me reconocen por tal V:.M:.

 Luego de escuchar esta respuesta, surge la inquietud respecto a lo que implica el reconocimiento de ser un masón. En efecto, si bien los tocamientos son -por definición- aquéllos que permiten a los HH:. reconocerse recíprocamente sea en la luz o en la oscuridad, y bajo esta idea podría afirmarse entonces, que todos aquéllos seres humanos respecto de los cuales se verifique el conocimiento de dichos símbolos, serán llamados a ser identificados como HH:., el cuestionamiento planteado por el V:.M:. tiene mas bien que ver con la forma de ser, sentir y obrar.

 Nos dice el Manual del Aprendiz que “Caminar y esforzarse hacia la Luz, buscar la Verdad y establecer en su dominio el Reinado de la Virtud, libertarse progresivamente de todas las sombras que oscurecen y nos impiden la manifestación de esta Luz Interior que debe brillar siempre más clara y firmemente, esclareciendo y destruyendo toda tiniebla, es, en síntesis, la noble tarea de todo verdadero masón”; agregando que “…esta luz que esta en nosotros se manifestará naturalmente alrededor de nosotros en la vida toda, así como en nuestros pensamientos, palabras y acciones”[1].

 A propósito de lo señalado anteriormente, el planteamiento de la pregunta adquiere su verdadera trascendencia, en tanto que el ser reconocido por nuestros hermanos como masón, supone que la percepción del mundo externo e interno, los pensamientos que a partir de ella nacen, y su posterior exteriorización mediante lo que decimos o callamos y lo que hacemos u omitimos es, objetivamente, y mas allá de nuestra (posible) propia ilusión, la forma de ser “identificado” como un Q:.H:.

 La rectitud y la virtud en el ser, es entonces susceptible de ser apreciada a través de la palabra y de la acción, esto es de nuestros frutos, los mismos que sólo pueden ser “buenos”  (tal como dice Jesús en el Evangelio de San Mateo[2]) si el árbol es bueno, toda vez que no es posible cosechar uvas de los espinos o higos de los cardos.

 En este sentido, nuestra condición de iniciados es revelada a través del propio texto bíblico, cuando dice que, por “…nuestras obras seremos reconocidos”.

 

Q:.H:. Miguel de Pomar

Valle de Lima, 25 de febrero de 2003

 

 

 

 

 

 



[1] Manual del Aprendiz. Lavagnini, Aldo. p.135. Ed. Kier S.A.

[2] [Mt 7:15-20]