La
identidad de un masón
Al
inicio de la Tenida de 1º Grado, el V:. M:. pregunta al H:. 1er. V:. ¿Soís
Masón?, frente a lo cual este último contesta: “Todos mis HH:. me reconocen
por tal V:.M:.
Luego de escuchar esta respuesta, surge la inquietud respecto a lo que
implica el reconocimiento de ser un masón. En efecto, si bien los tocamientos
son -por definición- aquéllos que permiten a los HH:. reconocerse recíprocamente
sea en la luz o en la oscuridad, y bajo esta idea podría afirmarse entonces,
que todos aquéllos seres humanos respecto de los cuales se verifique el
conocimiento de dichos símbolos, serán llamados a ser identificados como HH:.,
el cuestionamiento planteado por el V:.M:. tiene mas bien que ver con la forma
de ser, sentir y obrar.
Nos dice el Manual del Aprendiz que “Caminar y esforzarse hacia la Luz,
buscar la Verdad y establecer en su dominio el Reinado de la Virtud, libertarse
progresivamente de todas las sombras que oscurecen y nos impiden la manifestación
de esta Luz Interior que debe brillar siempre más clara y firmemente,
esclareciendo y destruyendo toda tiniebla, es, en síntesis, la noble tarea de
todo verdadero masón”; agregando que “…esta luz que esta en nosotros se
manifestará naturalmente alrededor de nosotros en la vida toda, así como en
nuestros pensamientos, palabras y acciones”.
A propósito de lo señalado anteriormente, el planteamiento de la
pregunta adquiere su verdadera trascendencia, en tanto que el ser reconocido por
nuestros hermanos como masón, supone que la percepción del mundo externo e
interno, los pensamientos que a partir de ella nacen, y su posterior
exteriorización mediante lo que decimos o callamos y lo que hacemos u omitimos
es, objetivamente, y mas allá de nuestra (posible) propia ilusión, la forma de
ser “identificado” como un Q:.H:.
La rectitud y la virtud en el ser, es entonces susceptible de ser
apreciada a través de la palabra y de la acción, esto es de nuestros frutos,
los mismos que sólo pueden ser “buenos”
(tal como dice Jesús en el Evangelio de San Mateo)
si el árbol es bueno, toda vez que no es posible cosechar uvas de los espinos o
higos de los cardos.
En este sentido, nuestra condición de iniciados es revelada a través del
propio texto bíblico, cuando dice que, por “…nuestras
obras seremos reconocidos”.
Q:.H:.
Miguel de Pomar
Valle
de Lima, 25 de febrero de 2003